Las
instituciones educativas ofrecen servicios y productos tangibles e intangibles,
lo cual las convierte en administradoras de recursos, talento humano,
infraestructura, presupuesto, etc. se pensaría que al nombrar estos componentes
se habla de una compañía, una empresa comercializadora o productora que nada
tiene que ver con enseñar a niños y jóvenes. Sin embargo, al aplicar el
análisis interno y externo a las instituciones se puede comprobar que los
conceptos administrativos generan evidencias y resultados comprobables porque
la institución es también una organización. Es posible que algunos conceptos o
los resultados de éstos deban ser reformulados a la luz de la enseñanza y el
aprendizaje pero aun así la analogía se mantiene.
Desde
mi punto de vista, la diferencia radica en la capacidad competitiva referida al
área comercial, ya que las instituciones educativas del sector público no
tienen independencia en este aspecto y se deben acoger al manejo dado por la
secretaria de educación y la alcaldía municipal.
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